rompiéndose en pedazos, en piezas de puzzle. [...] Será ese preciso momento
cuando dejes de entender y empieces a sentir; cuando dejes el puzzle
sin hacer porque comprendas que es así como se hace."
viernes, 10 de septiembre de 2010
Fantasmas del pasado.
Gradualmente había llegado el momento. Rodeada de los fantasmas del pasado, pasó de sentirse viva a sentirse más muerta que nunca. Atrapada en su carcomido cadáver, los días se volvieron monótonos. De día dormía y de noche lloraba. Empezó a odiar al mundo por ser mejor que ella. Después odió a su cerebro por no ser lo suficientemente inteligente, creativo e ingenioso. Odió a su corazón por iluso y estár siempre herido; a su cintura y sus piernas por no ser lo suficientemente delgadas. Su odio llegó a un punto en que se odió a sí mismo, y justo entonces fue consciente de que estaba peor que cuando ingresó por primera vez.
No regresó inmediatamente. No hasta que algunas personas notaron su estado de ansiedad e intentaron ayudarla con palabras. Pero aunque las palabras se agradecen, no sirven de nada si no consiguen convencer a una, es más, le hicieron sentir como si le otorgasen un premio que no se merecía y se sintió obligada a comunicarles el error que cometían siendo tan amables con ella. Sólo sirvió para darle otra pista de que algo iba mal, de que llevaba años envenenándose con su propia sangre.
Pero puede que gracias a esas palabras Cloe soñase aquello. Algo que temía profundamente y que no resultó ser una premonición como muchas otras veces, sino un recuerdo perturbador (escribió su pesadilla en un papel y me lo envió por correo, pero me pidió que no lo abriera hasta nuevo aviso). Por fin parecía haber llegado al más profundo pozo de petróleo de su subconsciente, la raíz de todos sus desequilibrios.
Y no supo cómo sacarlo.
Así que ahora mismo se encuentra ahí, en su reconstruida habitación, ordenando sus cosas en silencio mientras maquina algún plan con el que ayudarse a sí misma o destruirse un poquito más (todo depende de en qué lado del espejo te encuentres observando) y esperando que el personal del hospital esté ahí para animarla o detenerla, porque definitivamente ha perdido el control, y necesita tiempo para aclararse antes de recuperarlo.
sábado, 3 de julio de 2010
Carta de huída.
lunes, 28 de junio de 2010
Defectuosa.

sábado, 22 de mayo de 2010
Pequeño intruso.
Entonces se dibujó en la cara de Cloe un gesto de preocupación mucho más sincero que el del resto. Había estado escuchando el techo crujir varias noches el último mes. Sabía que las vigas de su habitación eran demasiado antigüas y estaban podridas, pero nunca pensó que el techo pudiera venírsele abajo por culpa de un mocoso que se había instalado ahí arriba. Seguramente el desconocido engordó demasiado con tanta visita a la cocina y finalmente el suelo cedió a su peso. De todas formas no pudo evitar sentirse culpable. El pequeño intruso había despertado en ella un inevitable instinto maternal y pensó que podía haber subido ella misma a averigüar qué pasaba, en vez de esperar cómodamente a que la madera se rindiera ante la fuerza de la gravedad.
La autopsia fue necesaria. Y sorprendiendo a todos los presentes, Cloe se ofreció para ayudar. Era sabido que sentía pavor hacia estas cosas. Solo con ver la sangre se mareaba, y el hecho de estar ante un cuerpo sin vida le hacía caer en un extraño estado de tristeza y desesperanza absurda que todavía los médicos no habían conseguido controlar. Quizá le recordaba dolorosamente al tiempo pudriéndolo todo a su paso, el inevitable fin de las cosas. O quizá simplemente le daba mucho asco. Esta vez se armó de valor y quiso comprobar lo qué había fallado en aquel cuerpecito. Pero el valor no fue suficiente para encarar lo que se le vino encima. Cada vez que el forense extraía uno de sus órganos para inspeccionarlo, Cloe sentía como se le derretían las entrañas, mezclandose y tratando de trepar por su garganta. Hubiera gritado 'basta', pero de alguna forma no quería parar hasta encontrar la causa de la muerte, y no se si fue por la adrenalina del momento pero no le importaba el precio. Organo tras órgano llegaron al corazón. El forense lo alzo en alto para que todos lo vieran, y aunque aún desprendía calor, todos pudieron observar que estaba inmóvil. Terminó la autopsia y Cloe deliraba en una esquina de la sala. Pidió quedarse a solas con el cadáver un rato más, y cuando la sala se hubo quedado vacía, se levantó y se asomó al pecho del pequeño fallecido.
De pronto, 'Tic - tac'.
Latió como si de un reloj se tratara. Como si intentase recuperar todos los segundos que llevaba de retraso... Alcanzar al tiempo presente para no quedarse atrás.
'Tic - tac', otra vez. Era real, estaba segura.
Aún estaba vivo.
Pero tengo entendido que igualmente le enterraron y nadie llegó a saberlo.
martes, 4 de mayo de 2010
El poder de la casualidad.
Pero volviendo al tema de lo poderosa que puede llegar a ser la casualidad, pondré un ejemplo:
- Busca dentro de un recinto a alguien, o incluso a varias personas concretas, de entre 30.000 y no encuentras a ninguna de ellas.
- Ahora no busques a nadie. Quédate de pie tranquilamente y de entre esas 30.000 personas puede que tengas a tu lado a la persona que menos te esperabas.
Podría haber estado a mi lado cualquier desconocido en ese momento, pero no, estaba ese conocido, el cual ni siquiera se percató de que le estaba mirando. Es curioso pensar que si no hubiera mirado a mi izquierda en ese momento ni me hubiese dado cuenta. Y también es curioso pensar que cuando hayas buscado a alguien y no lo hayas encontrado puede que haya sido porque no miraste al lado correcto en la fracción de segundo correcta. El momento y el lugar donde se encontraba escondida esa puta fugitiva, mostrándote un camino alternativo que nunca tomáste. Game over. No la atrapaste en esta partida y ya nunca sabrás lo que hubiera pasado.
Puede que le de demasiada importancia, pero me gusta. Me gusta pensar en un caos regido por un orden que nunca nadie terminará de entender.
lunes, 19 de abril de 2010
Cuando despierte...
- ¿Y qué pasará cuando no entienda lo que escriba?
- Que, entonces, seguramente esté escribiendo sobre ti.

domingo, 4 de abril de 2010
Restauración de edificio abandonado en circo monstruoso.
Cae un pedazo de esta pared, otro de aquella. Todo apunta a que el techo pronto se nos va a caer en la cabeza, aplastando cada una de nuestras ideas, esquemas o pequeños pensamientos que teníamos sobre las cosas que creíamos conocer.

viernes, 12 de marzo de 2010
Declaración desesperada.
La habitacion cerrada (Paul Auster)
Así se sentía Cloe. Lo único que estaba claro era que no estabas con ella. Eso significaba que podrías estar en cualquier lugar, y sin embargo ella sabía que estabas en esa habitación aunque nadie se lo dijera. Igual que hizo Paul Auster con Fanshawe, te encerraste en esa habitación. Y sí, la situación era absurda, con ella intentando comunicarse con un hombre a través de una puerta que nunca volvió a abrirse. Se empeñó en conocerte con un muro entre los dos, y mira en lo que se ha convertido. Si somos lo que hacemos, cada segundo que pasa su existencia se hace más absurda.
Esta es su historia sin final. Ese día empezaste a morir para ella, pero nunca sabrá cuando terminaste de hacerlo. Y es por eso que aunque se cansó de gritarte estupideces, todavía sigue sentada apoyada en esa puerta.
Espero que esta sea la última vez que tenga que hablar de esto.
- Pero en las historias sin final nunca es la última vez, ¿recuerdas?
jueves, 25 de febrero de 2010
Samanta.
- ¿Y por qué dejaste que todo llegara a ese punto, Cloe?
- Practicamente no pude evitarlo. Eramos como dos imanes que se atraían, pero lo hacían de tal forma que se destrozaban en el impacto. El caso es que invadía mi espacio personal. Llegó a creerse que era yo, y a convencerme de que yo no era nadie, todo con una sonrisa en la cara. Me irritaba demasiado su existencia, así que decidí borrarla de mi mundo. Sí, cogí la goma de borrar y aparentemente desapareció. Me sentí orgullosa. Pero los surcos de su silueta quedaron marcados en el papel, y cada vez que me disponía a dibujar algo nuevo, ahí estaba Samanta, observando con esa sonrisa picarona, casi burlesca. Quería matarla y al mismo tiempo me apiadaba de ella. A veces la confundía conmigo misma y me odiaba por ello. Y a ella también. Porque yo no era como Samanta ¿vale? Eramos totalmente distintas. Tanto que parecíamos iguales. Algo parecido me había pasado con Luna, pero esa es otra historia. De Samanta podía separarme perfectamente. Era ella con sus juegos, o una fuerza mayor, tal vez el destino, el que me mantenía atada a ella.
domingo, 31 de enero de 2010
La armadura de Cloe.
Fue esa misma noche, en la que se asomó de puntillas al corazón de uno de los suyos, uno de los olvidados. A penas pudo ver nada, pero enseguida diagnosticó el problema. No es que Cloe fuera buena enfermera, de hecho tan sólo era otra de las pacientes, pero había observado esos síntomas tantas veces que le era imposible no reconocer la gravedad de la situación.
Como ella misma había experimentado, la medicina del hospital no servía de mucho. A veces rojiza, a veces azulada, pero siempre atractiva. En verdad distraía del dolor, pero cuando dejaba de hacer efecto, la única solución que encontraban los desesperados enfermos era pincharse otra dósis de aquel medicamento. Muchos acababan siendo adictos sin recordar a ciencia cierta cómo empezó todo y su querido antídoto se convertía en cómplice de su propia destrucción.
Decidió hacer algo por él. Darle esperanza. Decidió escribirle una nota, revelándole cómo había ido fabricando su propia armadura para fortalecerse, aunque por dentro siguiera siendo vulnerable.
La nota decía así:
"Creo que todo lo que nos ocurre se hace un hueco en nosotros, en nuestra personalidad. Aunque sea mínimo, todo eso al fin y al cabo es lo que somos. Por tanto, cuando alguien olvida, ciertamente está olvidando parte de sí mismo. Es triste cuando eso pasa (o no) pero no creo que sea algo que se pueda controlar (y casi es mejor que sea así). Podemos fingir no recordar, engañarnos a nosotros mismos para engañar al resto del mundo y viceversa. También podemos retener esos recuerdos en nuestra memoria por miedo a perdernos a nosotros mismos, aunque supongan un veneno que nos acabe pudriendo. Podemos reaccionar de infinitas formas pero ¿sabes qué? seguramente nunca sepamos qué hubiera pasado si hubieramos tomado el otro camino, y por eso es mas sano pensar que las cosas pasan de una forma para darle razón de ser a las que ocurren a continuación... que de algún modo, lo que ocurre es siempre lo que tiene que ocurrir, porque si no, hubiera ocurrido de otra forma."
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Y éste es el final de la historia.
Esperemos que conforme lleguemos al principio todo vaya mejorando.Sí, he empezado por el final. Porque está claro que esa armadura, tal y como está estructurada y teniendo en cuenta lo absurdo que es todo, tarde o temprano se caerá a pedazos (Cloe dice que lo hace continuamente, pero que siempre vuelve a reunir los pedazos desesperada), pero si termino aquí la historia, la armadura permanecerá intacta.