"...No le dejarás otra elección y el sentido de todo caerá por su propio peso,
rompiéndose en pedazos, en piezas de puzzle. [...] Será ese preciso momento
cuando dejes de entender y empieces a sentir; cuando dejes el puzzle
sin hacer porque comprendas que es así como se hace."



viernes, 12 de marzo de 2010

Declaración desesperada.

"Las historias sin final no pueden hacer otra cosa que continuar eternamente, y verse atrapado en una de ellas significa que morirás antes de haber interpretado tu papel hasta el final."
La habitacion cerrada (Paul Auster)


Así se sentía Cloe. Lo único que estaba claro era que no estabas con ella. Eso significaba que podrías estar en cualquier lugar, y sin embargo ella sabía que estabas en esa habitación aunque nadie se lo dijera. Igual que hizo Paul Auster con Fanshawe, te encerraste en esa habitación. Y sí, la situación era absurda, con ella intentando comunicarse con un hombre a través de una puerta que nunca volvió a abrirse. Se empeñó en conocerte con un muro entre los dos, y mira en lo que se ha convertido. Si somos lo que hacemos, cada segundo que pasa su existencia se hace más absurda.

Esta es su historia sin final. Ese día empezaste a morir para ella, pero nunca sabrá cuando terminaste de hacerlo. Y es por eso que aunque se cansó de gritarte estupideces, todavía sigue sentada apoyada en esa puerta.

Espero que esta sea la última vez que tenga que hablar de esto.

- Pero en las historias sin final nunca es la última vez, ¿recuerdas?

jueves, 25 de febrero de 2010

Samanta.

- Estaba orgullosa, lo reconozco. En el momento no me di cuenta, pero me sentí aliviada destrozando la mentira que habíamos ido construyendo a base de frustraciones. ¿Debí no haberme mordido la lengua? Samanta y yo habíamos nacido para chocar, mutilarnos mutuamente de forma inconsciente. Allá a donde fuera yo, allí estaba Samanta y viceversa. No hacían falta palabras, miradas o contacto físico. Con sólo su presencia, se fabricaba un traje arrancandome la piel a tiras.
- ¿Y por qué dejaste que todo llegara a ese punto, Cloe?
- Practicamente no pude evitarlo. Eramos como dos imanes que se atraían, pero lo hacían de tal forma que se destrozaban en el impacto. El caso es que invadía mi espacio personal. Llegó a creerse que era yo, y a convencerme de que yo no era nadie, todo con una sonrisa en la cara. Me irritaba demasiado su existencia, así que decidí borrarla de mi mundo. Sí, cogí la goma de borrar y aparentemente desapareció. Me sentí orgullosa. Pero los surcos de su silueta quedaron marcados en el papel, y cada vez que me disponía a dibujar algo nuevo, ahí estaba Samanta, observando con esa sonrisa picarona, casi burlesca. Quería matarla y al mismo tiempo me apiadaba de ella. A veces la confundía conmigo misma y me odiaba por ello. Y a ella también. Porque yo no era como Samanta ¿vale? Eramos totalmente distintas. Tanto que parecíamos iguales. Algo parecido me había pasado con Luna, pero esa es otra historia. De Samanta podía separarme perfectamente. Era ella con sus juegos, o una fuerza mayor, tal vez el destino, el que me mantenía atada a ella.

domingo, 31 de enero de 2010

La armadura de Cloe.

Fue esa misma noche, en la que se asomó de puntillas al corazón de uno de los suyos, uno de los olvidados. A penas pudo ver nada, pero enseguida diagnosticó el problema. No es que Cloe fuera buena enfermera, de hecho tan sólo era otra de las pacientes, pero había observado esos síntomas tantas veces que le era imposible no reconocer la gravedad de la situación.

Como ella misma había experimentado, la medicina del hospital no servía de mucho. A veces rojiza, a veces azulada, pero siempre atractiva. En verdad distraía del dolor, pero cuando dejaba de hacer efecto, la única solución que encontraban los desesperados enfermos era pincharse otra dósis de aquel medicamento. Muchos acababan siendo adictos sin recordar a ciencia cierta cómo empezó todo y su querido antídoto se convertía en cómplice de su propia destrucción.

Decidió hacer algo por él. Darle esperanza. Decidió escribirle una nota, revelándole cómo había ido fabricando su propia armadura para fortalecerse, aunque por dentro siguiera siendo vulnerable.

La nota decía así:

"Creo que todo lo que nos ocurre se hace un hueco en nosotros, en nuestra personalidad. Aunque sea mínimo, todo eso al fin y al cabo es lo que somos. Por tanto, cuando alguien olvida, ciertamente está olvidando parte de sí mismo. Es triste cuando eso pasa (o no) pero no creo que sea algo que se pueda controlar (y casi es mejor que sea así). Podemos fingir no recordar, engañarnos a nosotros mismos para engañar al resto del mundo y viceversa. También podemos retener esos recuerdos en nuestra memoria por miedo a perdernos a nosotros mismos, aunque supongan un veneno que nos acabe pudriendo. Podemos reaccionar de infinitas formas pero ¿sabes qué? seguramente nunca sepamos qué hubiera pasado si hubieramos tomado el otro camino, y por eso es mas sano pensar que las cosas pasan de una forma para darle razón de ser a las que ocurren a continuación... que de algún modo, lo que ocurre es siempre lo que tiene que ocurrir, porque si no, hubiera ocurrido de otra forma."


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Y éste es el final de la historia.

Esperemos que conforme lleguemos al principio todo vaya mejorando.

Sí, he empezado por el final. Porque está claro que esa armadura, tal y como está estructurada y teniendo en cuenta lo absurdo que es todo, tarde o temprano se caerá a pedazos (Cloe dice que lo hace continuamente, pero que siempre vuelve a reunir los pedazos desesperada), pero si termino aquí la historia, la armadura permanecerá intacta.